La intermediación mercantil en la era digital

La digitalización de los negocios, acelerada en España por la pandemia Covid-19, ha dado lugar a que muchas startups y emprendedores pongan en marcha empresas cuya actividad principal es la intermediación en el tráfico mercantil.

La antigua figura de los agentes y distribuidores toma actualmente forma de webs destinadas a poner en contacto a distintas empresas (B2B) o empresas y consumidores (B2C), realizando asimismo labores de prescripción. La velocidad del tráfico en internet, el formato de las webs y redes sociales, los mecanismos de atracción de visitantes y seguidores, así como el marketing de influencia (a través de consejos que se ofrecen mediante píldoras informativas o vídeos demostrativos) distorsionan en nuestros días lo que quizá antiguamente resultaba más evidente para las partes en cuanto a la figura de cada una de ellas en el tráfico mercantil y los contratos subyacentes. Sin embargo, legalmente, las normativas no se diferencian mucho del pasado.

El alcance y límites de la prestación ofrecida.

A la hora de crear un nuevo emprendimiento con presencia digital resulta relevante definir dentro del plan de negocio cuál es exactamente la prestación que ofrecerá el nuevo proyecto y sus límites, quiénes son los clientes en cada caso y cómo y a quién retribuirán éstos los bienes o servicios recibidos.

Este aspecto es clave a la hora de preparar la información legal que ha de constar con claridad en las webs y demás interacciones del nuevo proyecto en internet de manera que, en caso de conflicto entre las partes, quede clara cuál era la responsabilidad asumida por el emprendedor evitando discusiones sobre las obligaciones que éste asumió frente a los consumidores y otros operadores que soliciten sus prestaciones.

En este sentido, desde Capleg Abogados consideramos importante que los proyectos tomen en cuenta y analicen desde el inicio de su andadura cuál es exactamente la aportación que están ofreciendo al mercado ya que ello definirá su responsabilidad frente a los usuarios que soliciten sus servicios. Aunque la apariencia de las propias webs y demás plataformas de internet resulte muy sencilla a la hora de cerrar acuerdos y obtener bienes y servicios, no debemos olvidar que detrás de ello hay contratos y en muchos casos consumidores protegidos por la legislación. Asimismo, hay algunos sectores especialmente regulados (tales como los que atañen a la salud, las inversiones financieras, educación, derecho, relaciones laborales, etc) que pueden dar lugar a responsabilidad subsidiaria de los intermediarios máxime si no se dibujó claramente el alcance y limitaciones de su intervención.

La responsabilidad por las actuaciones y su limitación contractual.

Al diseñar las webs y plataformas desde las cuales intervendrán en el mercado las startups y nuevos emprendedores, debería valorarse la inclusión de forma clara y de fácil acceso para los usuarios de unos términos y condiciones del servicio que dejen patentes las limitaciones de responsabilidad frente a las partes (de forma acorde con las limitaciones de alcance de los servicios prestados) y la existencia de seguros de responsabilidad civil.

Por último, consideramos que este mismo espíritu de prudencia y claridad debería estar presente en el material informativo que se ponga a disposición de los usuarios sobre los bienes y servicios, propios o de terceros, que sean objeto de marketing o prescripción: hasta qué punto la nueva empresa, en su función de intermediación digital, está dando una simple información sobre su experiencia o está yendo más allá, aconsejando como experto en una determinada materia.

Isabel Vallejo – Abogada Mercantil

Abril 2021

Una respuesta

  1. Muy interesante tu aporte. La verdad es que es clave tener un asesoramiento legal en condiciones a la hora de emprender. ¡Muchas gracias por el contenido!

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